mediodía, para deliberar». La discusión versaba sobre una de las cuestiones del momento, la artillería de la Guardia Nacional, y un conflicto entre el ministro de Guerra y «la milicia ciudadana», a propósito de los cañones aparcados en el patio del Louvre. Los estudiantes debían «deliberar» sobre esto. No hacía falta mucho más para desatar la furia del señor
Pensó en Mario, que era estudiante, y que probablemente iría con los demás a «deliberar, al mediodía, en la plaza del Panteón».
Mientras se entregaba a este doloroso ensueño, el teniente Théodule entró vestido de paisano como un burgués, lo cual era astuto por su parte, y fue introducido discretamente por la señorita Gillenormand. El lancero había razonado del siguiente modo:
«El viejo druida no se ha gastado todo su dinero en una renta vitalicia. Conviene disfrazarse de civil de vez en cuando».