Cosette solo se habíalleVado su cartera y su secante.
Jean Valjean, con el fin de aumentar la soledad y el misterio de aquella partida, había dispuesto salir del pabellón de la calle Plumet solo al atardecer, lo que le había dado a Cosette tiempo para escribir su nota a Marius. Habían llegado a la calle de l'Homme Armé una vez caída por completo la noche.
Se habían ido a la cama en silencio.
Las habitaciones de la Rue de l’Homme Armé estaban situadas en un patio interior, en el segundo piso, y constaban de dos dormitorios, un comedor y una cocina contigua al comedor, con una buhardilla en la que había una cama plegable, que correspondía a Toussaint.
El comedor hacía también las veces de antesala y separaba los dos dormitorios. El apartamento estaba provisto de todos los utensilios necesarios.
La gente recobra la confianza tan neciamente como la pierde; así está constituida la naturaleza humana. Apenas hubo llegado Jean Valjean a la Rue de l’Homme Armé, su ansiedad se vio aliviada y poco a poco se disipó. Hay lugares apacibles que actúan en cierto modo de manera mecánica sobre el espíritu. * Una calle oscura, habitantes pacíficos. Jean Valjean experimentó un contagio indescriptible de tranquilidad en aquel callejón del París antiguo, tan estrecho que los carruajes tienen el paso prohibido por un madero transversal colocado sobre dos postes, sordo y mudo en medio de la ciudad clamorosa, tenuemente iluminado a mediodía e incapaz, por decirlo así, de emocionarse entre dos hileras de altas casas centenarias que guardan silencio como los ancianos que son. > Había un dejo de olvido estancado en