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nydus/Les MisérablesPublic
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Libro séptimo. El asunto Champmathieu

presidente». Estas palabras se mezclaban en su pensamiento con el vago recuerdo de los pasillos estrechos y las oscuras escaleras que acababa de

El ujier lo había dejado solo. El momento supremo había llegado. Buscó concentrar sus facultades, pero no pudo.

Es principalmente en el momento en que hay mayor necesidad de aferrarlas a las dolorosas realidades de la vida, cuando los hilos del pensamiento se rompen dentro del cerebro.

Se encontraba en el mismo lugar donde los jueces deliberaban y condenaban. Con una tranquilidad estúpida examinó aquella sala pacífica y terrible, donde tantas vidas se habían roto, que pronto resonaría con su nombre y que su destino estaba atravesando en ese mismo instante.

Se quedó mirando la pared, luego se miró a sí mismo, extrañado de que fuera aquella cámara y de que fuera él.

No había comido nada en veinticuatro horas; estaba agotado por los baches del carro, pero no era consciente de ello. Le parecía que no sentía nada.

Se acercó a un marco negro que pendía de la pared y que contenía, bajo cristal, una antigua carta autógrafa de Jean Nicolas Pache, alcalde de París y ministro, fechada, por un error sin duda, el 9 de junio del año II, en la cual Pache enviaba a la comuna la lista de los ministros y diputados retenidos por ellos bajo arresto.

Cualquier espectador que lo hubiera visto por casualidad en ese momento y lo hubiera observado, habría imaginado sin duda que esta carta le parecía muy curiosa, pues no le apartaba los ojos de encima y la leía dos o tres veces.

La leía sin prestarle atención e inconscientemente. Pensaba en Fantine y en Cosette.

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