evoca un recuerdo como un olor. Marius reconoció aquel tabaco. Miró el sobrescrito: «A Monsieur, Monsieur el barón Pommerci. En su hotel». El reconocimiento del tabaco le hizo reconocer también la letra. Puede decirse que el asombro tiene sus relámpagos.
Marius fue, por decirlo así, iluminado por uno de esos destellos.
El sentido del olfato, ese misterioso auxiliar de la memoria, acababa de hacer revivir en su interior un mundo entero.
Éste era sin duda el papel, la forma de doblarlo, el tono apagado de la tinta; era sin duda la mano tan conocida, y sobre todo era el mismo tabaco.
La buhardilla de los Jondrette se le apareció en la memoria.