Babeuf es un especulador al lado de Cartouche; Marat es un aristócrata al lado de Schinderhannes. Esta caverna tiene por objeto la destrucción de todo.
De todo. Incluso de las altas y superiores minas, a las que execra.
No solo socava, en su espantosa muchedumbre, el orden social actual; socava la filosofía, socava el pensamiento humano, socava la civilización, socava la revolución, socava el progreso.
Su nombre es sencillamente el robo, la prostitución, el homicidio, el asesinato.
Es la oscuridad y desea el caos. Su bóveda está hecha de ignorancia.
Todos los demás, los que están por encima, no tienen más que un objeto: suprimirlo.
A este punto tienden la filosofía y el progreso, con todos sus órganos simultáneamente, mediante su amansamiento de lo real, así como mediante su contemplación de lo absoluto.
Destruid la caverna Ignorancia y destruiréis la guarida Crimen.
Condensemos, en pocas palabras, una parte de lo que acabamos de escribir.
El único peligro social es la oscuridad.
La humanidad es la identidad. Todos los hombres están hechos de la misma arcilla. No hay diferencia, aquí abajo, al menos, en la predestinación. La misma sombra por delante, la misma carne en el presente, las mismas cenizas después.