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nydus/Les MisérablesPublic
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I. La casa con secreto

la emanación de su alma. Era casi feliz en su devaneo. Cosette, que estaba de pie junto a él, contemplaba las nubes que se ponían rosadas.

De repente, Cosette exclamó:

«Padre, me parece que viene alguien allá a lo lejos».

Jean Valjean levantó los ojos.

Cosette tenía razón. El terraplén que conduce a la antigua Barrière du Maine es una prolongación, como sabe el lector, de la Rue de Sèvres, y es cortado en ángulo recto por el bulevar interior.

En el recodo del terraplén y el bulevar, en el punto en que se bifurca, oyeron un ruido que era difícil explicarse a esa hora, y apareció una especie de montón confuso. Algo informe que venía del bulevar doblaba hacia el camino.

Creció en tamaño, parecía avanzar de manera ordenada, aunque erizado y trémulo; parecía ser un vehículo, pero su carga no podía distinguirse con claridad. Había caballos, ruedas, gritos; los látigos chasqueaban. Poco a poco los contornos se fijaron, aunque bañados en sombras. Era un vehículo, en efecto, que acababa de doblar desde el bulevar hacia la carretera, y que dirigía su rumbo hacia la barrera cerca de la cual estaba sentado Jean Valjean; un segundo, del mismo aspecto, le siguió, luego un tercero, después un cuarto; siete carruajes hicieron su aparición de manera sucesiva, con las cabezas de los caballos tocando la parte trasera del carretón de adelante. Se veían figuras que se movían sobre estos vehículos, se percibían destellos a través de la penumbra como si hubiera espadas desnudas allí, se dejó oír un tintineo que se parecía al entrechoque de cadenas, y a

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