La calle del Hombre Armado
I
Un bebedor es un charlatán
¿Qué son las convulsiones de una ciudad en comparación con las insurrecciones del alma?
El hombre es un abismo aún mayor que el pueblo. Jean Valjean, en aquel mismo momento, era presa de un estremecimiento terrible. Toda especie de abismo se había vuelto a abrir en su interior. Él también temblaba, al igual que París, en el umbral de una revolución oscura y formidable.
Pocas horas habían bastado para provocar esto. Su destino y su conciencia se habían cubierto súbitamente de tinieblas. De él también, así como de París, se habría podido decir:
«Dos principios están cara a cara. El ángel blanco y el ángel negro están a punto de agarrarse del cuello sobre el puente del abismo. ¿Cuál de los dos arrojará al otro al fondo? ¿Quién vencerá?»
En la noche anterior a este mismo 5 de junio, Jean Valjean, en compañía de Cosette y Toussaint, se había instalado en la calle de L’Homme-Armé. Allí le aguardaba un cambio.
Cosette no había abandonado la Rue Plumet sin hacer un esfuerzo de resistencia.