En cuarto lugar: resulta inexplicable por qué el reglamento especial de la prisión de las Madelonettes prohíbe que el prisionero tenga una silla, ni siquiera pagándola. En quinto lugar: en las Madelonettes solo hay dos barrotes en la cantina, de modo que la cantinera puede tocar a los prisioneros con la mano. En sexto lugar: los prisioneros llamados pregoneros, que llaman a los demás prisioneros al locutorio, obligan al recluso a pagarles dos sueldos por pronunciar su nombre con claridad. Esto es un robo. En séptimo lugar: por un hilo roto se retienen diez sueldos en el taller de tejido; esto es un abuso del contratista, puesto que la tela no empeora por ello. En octavo lugar: resulta molesto para los visitantes de La Force verse obligados a atravesar el patio de los muchachos para llegar al locutorio de Sainte-Marie-l’Égyptienne. En noveno lugar: es un hecho que cualquier día se puede oír a los gendarmes relatar en el patio de la prefectura los interrogatorios formulados por los magistrados a los prisioneros. Que un gendarme, que debe estar juramentado de guardar secreto, repita lo que ha escuchado en la sala de interrogatorios es un grave desorden. En décimo lugar: Mme. Henry es una mujer honrada; su cantina está muy limpia; pero está mal que una mujer custodie la ventanilla de la ratonera de las celdas de aislamiento. Esto es indigno de la Conciergerie de una gran civilización.
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I. Javert descarriado
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