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nydus/Les MisérablesPublic
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Libro V. Nieto y Abuelo

Esta devoción, como le decía el señor Gillenormand a su hija, equivale a un catarro de cerebro. No se huele nada de la vida. Ni mal olor, ni buen

Además, los seiscientos mil francos habían disipado la indecisión de la solterona. Su padre había adquirido el hábito de tomarla tan poco en cuenta, que no la había consultado en lo tocante al consentimiento para el matrimonio de Marius. Había obrado con impetuosidad, según su costumbre, teniendo, como déspota convertido en esclavo, un solo pensamiento: satisfacer a Marius. En cuanto a la tía, ni siquiera se le había ocurrido que la tía existiera y que pudiera tener una opinión propia, y, oveja como era, esto le había disgustado. Algo resentida en su fuero interno, pero impasible por fuera, se había dicho: «Mi padre ha resuelto la cuestión del matrimonio sin contar conmigo; yo resolveré la cuestión de la herencia sin consultarle». Era rica, en efecto, y su padre no. Se había reservado su decisión sobre este punto. Es probable que, de haber sido pobre el enlace, lo hubiera dejado en la miseria. «¡Peor para mi sobrino! Se casa con una pordiosera, ¡que sea un pordiosero él también!». Pero el medio millón de Cosette agradó a la tía y modificó su postura íntima en lo que respecta a aquella pareja de enamorados. Se le debe cierta consideración a seiscientos mil francos, y era evidente que no podía hacer otra cosa que dejar su fortuna a esos jóvenes, ya que no la necesitaban.

Se acordó que la pareja viviría con el abuelo; M. Gillenormand insistió en cederles su habitación, la más elegante de la casa. «Eso me rejuvenecerá», dijo. «Es un viejo proyecto mío. Siempre he tenido la idea de celebrar una boda en mi cuarto».

Amuebló esta habitación con una multitud de chucherías elegantes. Hizo colgar del techo y de las paredes una tela extraordinaria, que tenía por allí en pieza y que creía procedente de Utrecht, con un fondo de satén color botón de oro, cubierto de flores de aurícula de terciopelo.⁠—«Fue con esa tela —decía él— con la que se vistió la cama

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