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nydus/Les MisérablesPublic
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Libro IV

Ahora bien, no se pueden leer tonterías impunemente. El resultado fue que a su hija mayor la llamaron Éponine; en cuanto a la menor, la pobrecita estuvo a punto de llamarse Gulnare; no sé a qué distracción, propiciada por una novela de Ducray-Dumenil, debió el hecho de llevar simplemente el nombre de Azelma.

Sin embargo, observaremos de paso, no todo era ridículo y superficial en aquella época curiosa a la que aludimos, y que puede calificarse como la anarquía de los nombres de pila.

Al lado de este elemento romántico que acabamos de señalar se encuentra el síntoma social.

No es raro hoy en día que el muchacho del boyero lleve el nombre de Arturo, Alfredo o Alfonso, y que el vizconde —si es que aún quedan vizcondes— se llame Tomás, Pedro o Jacobo.

Este desplazamiento, que coloca el nombre elegante en el plebeyo y el nombre rústico en el aristócrata, no es otra cosa que un remolino de igualdad.

La irresistible penetración de la nueva inspiración está ahí como en todas partes. Debajo de esta discordia aparente hay algo grande y profundo: la Revolución francesa.

III

La alondra

No basta con ser malvado para prosperar.

El figón iba mal.

Gracias a los cincuenta y siete francos del viajero, Thénardier había podido evitar una protesta y hacer honor a su firma.

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