de Carnaval delante de los carruajes cargados de máscaras que van hacia la Courtille. Estas antorchas, como el lector ha visto, provenían del arrabal Saint-Antoine.
La antorcha había sido colocada en una especie de jaula de adoquines cerrada por tres lados para protegerla del viento, y dispuesta de tal manera que toda la luz caía sobre la bandera.
La calle y la barricada permanecían sumidas en la oscuridad, y no se veía nada más que la bandera roja formidablemente iluminada como por un enorme farol ciego.
Esta luz realzaba el escarlata de la bandera, con un púrpura indescriptible y terrible.
VII
El hombre reclutado en la Rue des Billettes
La noche se había echado encima por completo, sin que apareciera nada. Todo lo que se oía eran ruidos confusos y, a intervalos, fusilerías; pero estos eran raros, mal sostenidos y lejanos.
Esta tregua, que así se prolongaba, era señal de que el Gobierno se tomaba su tiempo y reunía sus fuerzas. Estos cincuenta hombres esperaban a sesenta mil.
Enjolras se sintió asaltado por esa impaciencia que se apodera de las almas fuertes en el umbral de los acontecimientos temibles. Fue en busca de Gavroche, que se habí Puesto a fabricar cartuchos en la sala del cabaret, a la luz dudosa de dos velas puestas sobre el mostrador