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nydus/Les MisérablesPublic
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Libro III. El abuelo y el nieto

después del 5 de julio. Fueron injustos con el águila, somos injustos con la flor de lis. ¡Parece que siempre hemos de tener algo que proscribir! ¿De qué sirve desdorar la corona de Luis XIV, raspar el escudo de Enrique IV? ¡Nos burlamos de M. de Vaublanc por borrar las eNis del puente de Jena! ¿Qué fue lo que hizo él? ¿Qué estamos haciendo nosotros? Bouvines nos pertenece tanto como Marengo. Las flores de lis son nuestras tanto como las eNis. Ese es nuestro patrimonio. ¿Con qué fin habremos de disminuirlo? No debemos renegar de nuestra patria en el pasado ni más ni menos que en el presente. ¿Por qué no aceptar toda la historia? ¿Por qué no amar a toda la

Así es como los doctrinarios criticaban y protegían el monarquismo, al que disgustaba la crítica y enfurecía la protección.

Los ultras marcaron la primera época del Realismo, la Congregación caracterizó a la segunda. La habilidad sigue al ardor. Confinémonos aquí a este esbozo.

En el curso de esta narración, el autor de este libro ha encontrado en su camino este curioso momento de la historia contemporánea; se ha visto obligado a echarle una rápida mirada y a trazar de nuevo algunos de los singulares rasgos de esta sociedad que hoy es desconocida.

Pero lo hace con rapidez y sin ninguna idea amarga o burlona. Recuerdos a la vez respetuosos y afectuosos, pues tocan a su madre, lo unen a este pasado.

Además, digámoslo, este mismo mundillo tenía una grandeza propia. Se le puede sonreír, pero no se le puede ni despreciar ni odiar. Era la Francia de antaño.

Marius Pontmercy hizo unos estudios, como hacen todos los niños. Cuando salió de las manos de la tía Gillenormand, su abuelo lo confió a

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