un Pedro apuñalado, un Pablo estrangulado, otro Pablo aplastado a patadas aplanado, diversos Ivanes estrangulados, con el cuello cortado, numerosos Nicolás y Basilios envenenados, todo esto indica que el palacio de los Emperadores de Rusia se encuentra en un estado de flagrante insalubridad. Todos los pueblos civilizados ofrecen este detalle a la admiración del pensador: la guerra; ahora bien, la guerra, la guerra civilizada, agota y resume todas las formas de matonismo, desde el bandidaje de los trabuceros en las gargantas del monte Jaxa hasta el merodeo de los indios comanches en el Paso Dudoso. ‘¡Bah!’, me dirán, ‘¿pero es que Europa es sin duda mejor que Asia?’ Admito que Asia es una farsa; pero no veo exactamente qué le ven de gracioso al Gran Lama ustedes, gentes de occidente, que han mezclado con sus modas y sus elegancias toda la futilidad y la porquería acumulada de la majestad, desde la camisa sucia de la reina Isabel hasta la bacinilla del Delfín. Señores de la raza humana, se los digo, ¡de eso nada! Es en Bruselas donde más cerveza se consume, en Estocolmo donde más aguardiente, en Madrid donde más chocolate, en Ámsterdam donde más ginebra, en Londres
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Libro IV. Los Amigos de la A.B.C.
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