A un No sólo hay una respuesta, Sí.
El nihilismo no tiene sentido.
No existe tal cosa como la nada.
El cero no existe.
Todo es algo.
Nada es nada.
El hombre vive de la afirmación aún más que del pan.
Aun ver y mostrar no basta. La filosofía debería ser una energía; debería tener por esfuerzo y efecto mejorar la condición del hombre. Sócrates debe entrar en Adán y producir a Marco Aurelio; en otras palabras, hay que hacer que el hombre de sabiduría surja del hombre de dicha. El Edén debe transformarse en un Liceo. La ciencia debe ser un cordial. Gozar —¡qué triste mira y qué mezquina ambición! El bruto goza. Ofrecer el pensamiento a la sed de los hombres, darles a todos como un elixir la noción de Dios, hacer que la conciencia y la ciencia fraternicen en ellos, volverlos justos por esta misteriosa confrontación; tal es la función de la verdadera filosofía. La moralidad es una eclosión de verdades. La contemplación conduce a la acción. Lo absoluto debe ser practicable. Es necesario que el ideal sea respirable, bebible y comible para la mente humana. Es el ideal el que tiene derecho a decir: «Tomad, este es mi cuerpo, esta es mi sangre». La sabiduría es la santa comunión. Es a esta condición que cesa de ser un amor estéril a la ciencia y se convierte en el modo único y soberano del reagrupamiento humano, y que la filosofía misma es ascendida a religión.
La filosofía no debe ser una ménsula erigida sobre el misterio para contemplarlo a sus anchas, sin otro resultado que el de ser conveniente a la curiosidad.