con el cabello erizado, los ojos fijos y abiertos de par en par, y la boca bostezante, inclinado sobre la calle en una actitud de curiosidad. Hubiera dichose que el hombre que estaba muerto estaba observando a aquellos que iban a morir. Un largo hilo de sangre que había manado de aquella cabeza descendía en hebras rojizas desde la ventana hasta la altura del primer piso, donde se detenía.
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Book XIII. Marius Enters the Shadow
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