The centre of the chain swung very near the ground in the middle, and in the loop, as in the rope of a swing, there were seated and grouped, on that particular evening, in exquisite interlacement, two little girls; one about two years and a half old, the other, eighteen months; the younger in the arms of the other.
A handkerchief, cleverly knotted about them, prevented their falling out. A mother had caught sight of that frightful chain, and had said, “Come! there’s a plaything for my children.”
Los dos niños, que iban vestidos con gracia y cierta elegancia, estaban radiantes de placer; se habría dicho que eran dos rosas en medio de viejos hierros; sus ojos eran un triunfo; sus frescas mejillas rebosaban risas. Uno tenía el cabello castaño; el otro, moreno. Sus inocentes rostros eran dos sorpresas encantadoras; un arbusto en flor que crecía cerca exhalaba hacia los transeúntes perfumes que parecían emanar de ellos; la criatura de dieciocho meses mostraba su bonito y pequeño vientre desnudo con la casta indecencia de la infancia. Por encima y alrededor de estas dos cabezas delicadas, hechas de felicidad y bañadas en luz, el gigantesco avantrén, negro de herrumbre, casi terrible, enredado en curvas y ángulos salvajes, se alzaba en bóveda, como la entrada de una caverna. A pocos pasos, agachada en el umbral de la posada, la madre —una mujer por lo demás poco agraciada, aunque conmovedora en ese momento— mecía a los dos niños mediante una larga cuerda, vigilándolos atentamente por miedo a los accidentes, con esa expresión animal y celestial que es propia de la maternidad. A cada balanceo de ida y vuelta, los horribles eslabones emitían un sonido estridente que se parecía a un grito de rabia; las pequeñas estaban enfervorizadas; el sol poniente se mezclaba en esta alegría, y nada podía