de donde la sacó. Muchos bebieron allí su último trago. Este pozo de donde bebieron tantos muertos estaba destinado a morir él mismo.
Después del combate, tenían prisa por enterrar los cadáveres.
La muerte tiene la costumbre de hostigar a la victoria, y hace que la peste siga a la gloria. El tifus es un acompañante del triunfo.
Este pozo era profundo y fue convertido en sepulcro. Tres mil cadáveres —trescientos— fueron arrojados en él. Con demasiada prisa quizás.
¿Estaban todos muertos? La leyenda dice que no. Parece que en la noche siguiente al entierro, se oyeron débiles voces que llamaban desde el pozo.
Este pozo está aislado en medio del patio.
Tres paredes, parte de piedra y parte de ladrillo, que simulan una pequeña torre cuadrada y se doblan como las hojas de un biombo, lo rodean por todas partes. El cuarto lado está abierto. Es por ahí por donde se sacaba el agua.
La pared del fondo tiene una especie de tronera informe, posiblemente el agujero hecho por un obús. Esta pequeña torre tenía una plataforma, de la cual solo quedan las vigas. Los soportes de hierro del pozo a la derecha forman una cruz.
Al asomarse, la vista se pierde en un profundo cilindro de ladrillo que está lleno de una masa amontonada de sombras. La base de las paredes alrededor del pozo se oculta entre una maleza de ortigas.
Este pozo no tiene delante aquella gran losa azul que sirve de mesa a todos los pozos de Bélgica. La losa ha sido reemplazada aquí por un travesaño, contra el cual se apoyan cinco o seis fragmentos amorfos de madera nudosa y petrificada que parecen enormes huesos.