un hombre que está intoxicado. Mientras caminaba así con los ojos demacrados, ¿tenía una percepción clara de lo que podría resultarle de su aventura en Digne? ¿Comprendía todos esos murmullos misteriosos que advierten o importunan al espíritu en ciertos momentos de la vida? ¿Le soplaba una voz al oído que acababa de pasar la hora solemne de su destino; que ya no le quedaba un término medio; que si de ahí en adelante no era el mejor de los hombres, sería el peor; que le correspondía ahora, por decirlo así, subir más alto que el obispo, o caer más bajo que el galeote; que si deseaba volverse bueno tenía que convertirse en ángel; que si deseaba seguir siendo malo, tenía que convertirse en monstruo?
Aquí, de nuevo, es preciso plantear algunas preguntas que ya nos hemos hecho en otra parte: ¿llegó a captar algo de la sombra de todo esto en su