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nydus/Les MisérablesPublic
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I. Con lo que uno tropieza en el camino desde Nivelles

«No los hay —respondió Wellington—; ¡debe dejarse matar!» Casi en el mismo instante, por una singular coincidencia que pinta el agotamiento de los dos ejércitos, Ney le pidió infantería a Napoleón, y Napoleón exclamó: «¡Infantería! ¿De dónde espera que la saque? ¿Se cree que la

No obstante, el ejército inglés se encontraba en peor situación que el otro. Las furiosas embestidas de aquellos grandes escuadrones con corazas de hierro y petos de acero habían pulverizado a la infantería. Unos pocos hombres agrupados en torno a una bandera señalaban el puesto de un regimiento; tal o cual batallón estaba al mando de un simple capitán o de un teniente; la división de Alten, ya tan maltrecha en La Haie-Sainte, estaba casi destruida; los intrépidos belgas de la brigada de Van Kluze jalonaban los campos de centeno a todo lo largo del camino de Nivelles; apenas quedaba nada de aquellos granaderos holandeses que, mezclados con los españoles en nuestras filas en 1811, lucharon contra Wellington y que, en 1815, pasados al bando inglés, lucharon contra Napoleón. La pérdida de oficiales fue considerable. Lord Uxbridge, cuya pierna fue enterrada al día siguiente, tenía la rodilla destrozada. Si por parte francesa, en aquella pugna de los coraceros, Delort, l’Héritier, Colbert, Dnop, Travers y Blancard habían quedado fuera de combate, por parte inglesa estaban Alten herido, Barne herido, Delancey muerto, Van Meeren muerto, Ompteda muerto, todo el estado mayor de Wellington diezmado, e Inglaterra llevaba las de perder en aquella balanza sangrienta. El segundo regimiento de guardias a pie había perdido a cinco tenientes coroneles, cuatro capitanes y tres alféreces; el primer batallón del 30 de infantería había perdido a 24 oficiales y a 1.200 soldados; el 79 de highlanders había perdido a 24 oficiales heridos, 18 oficiales muertos y 450 soldados muertos.

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