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nydus/Les MisérablesPublic
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Libro séptimo. El asunto Champmathieu

En cuanto al asunto del pequeño Gervais, el abogado defensor no necesitaba discutirlo; no formaba parte del caso.

El letrado terminó su exposición rogando al jurado y al tribunal que, si la identidad de Jean Valjean les parecía evidente, le aplicaran las penas de policía previstas para un criminal que ha quebrantado su condena, y no el espantoso castigo que recae sobre el presidiario culpable de reincidencia.

El fiscal respondió al abogado defensor. Fue violento y ampuloso, como suelen ser los fiscales.

Felicitó al abogado defensor por su «lealtad» y aprovechó hábilmente esta lealtad. Llegó al acusado a través de todas las concesiones hechas por su letrado.

El abogado había parecido admitir que el preso era Jean Valjean. Tomó nota de ello. Así pues, aquel hombre era Jean Valjean. Este punto había sido concedido a la acusación y ya no podía discutirse.

Aquí, por medio de una ingeniosa antonomasia que se remontaba a las fuentes y causas del crimen, el fiscal tronó contra la inmoralidad de la escuela romántica, que entonces alboreaba bajo el nombre de la Escuela Satánica, que le habían otorgado los críticos de la Quotidienne y del Oriflamme; atribuyó, no sin cierta probabilidad, a la influencia de esta literatura perversa el crimen de Champmathieu, o mejor dicho, para hablar con más exactitud, el de Jean Valjean.

Agotadas estas consideraciones, pasó al propio Jean Valjean. ¿Quién era este Jean Valjean?

Descripción de Jean Valjean: un monstruo vomitado, etc. El modelo de este género de descripción se halla en el relato de Terámenes, que no sirve para la tragedia, pero que todos los días presta grandes servicios a la elocuencia judicial. El público y el jurado «se estremecieron».

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