prisión departamental. En esta prisión de Arras hay un expresidiario llamado Brevet, que está detenido por no sé qué, y a quien han nombrado dependiente de la casa por buena conducta. Señor alcalde, ¡no bien hubo llegado Champmathieu cuando Brevet exclamó: «¡Eh! ¡Pero si yo conozco a ese hombre! ¡Es un presidiario! ¡Mírame bien, buen hombre! ¡Tú eres Jean Valjean!». «¿Jean Valjean? ¿Quién es Jean Valjean?», simula asombro Champmathieu. «No te hagas el inocente», dice Brevet. «¡Tú eres Jean Valjean! Has estado en las galeras de Tolón; fue hace veinte años; estuvimos allí juntos». Champmathieu lo niega.
¡Parbleu! Usted comprende. El asunto está investigado. El caso me ha sido bien ventilado. Esto es lo que han descubierto: Este Champmathieu fue, hace treinta años, podador de árboles en varias localidades, notablemente en Faverolles. Allí se le perdió todo rastro. Mucho tiempo después se le volvió a ver en Auvernia; luego en París, donde se dice que fue carretero y que tuvo una hija que era lavandera, pero eso no se ha probado. Ahora bien, antes de ir a presidio por robo, ¿qué era Jean Valjean? Un podador de árboles. ¿Dónde? En Faverolles. Otro dato. El nombre de pila de este Valjean era Jean, y el apellido de su madre, Mathieu. ¿Qué hay más natural que suponer que, al salir de presidio, tomó el apellido de su madre con el fin de ocultarse y se hizo llamar Jean Mathieu? Va a Auvernia. La pronunciación local convierte a Jean en Chan; lo llaman Chan Mathieu. Nuestro hombre no opone resistencia, y hétele aquí transformado en Champmathieu. Me sigue, ¿verdad?
Se hicieron averiguaciones en Faverolles. La familia de Jean Valjean ya no está allí. Se ignora a dónde se han ido. Ya se sabe que, en esas clases, una familia a menudo se esfuma.
Se buscó y no se encontró nada. Cuando semejantes gentes no son barro, son polvo. Y además, como el principio de la historia se remonta a treinta años atrás, ya no queda nadie en Faverolles que haya conocido a Jean Valjean.