de barbilla amable, y el caballero de Port-de-Guy, pilar de la biblioteca del Louvre, llamada el gabinete del Rey. El señor de Port-de-Guy, calvo y más ajado que viejo, solía relatar que en 1793, a la edad de dieciséis años, había sido enviado a galeras como refractario y encadenado junto a un octogenario, el obispo de Mirepoix, también refractario, pero por ser sacerdote, mientras que él lo era en calidad de soldado. Esto fue en Tolón. Su tarea consistía en ir por la noche a recoger al cadalso las cabezas y los cuerpos de las personas guillotinadas durante el día; se llevaban a la espalda estos cadáveres chorreantes, y sus casacas rojas de presidiario tenían un coágulo de sangre en la nuca, seco por la mañana y húmedo por la noche. Estos relatos trágicos abundaban en el salón de Madame de T., y de tanto maldecir a Marat, aplaudían a Trestaillon. Algunos diputados de la variedad imposible jugaban allí al whist; el señor Thibord du Chalard, el señor Lemarchant de Gomicourt y el célebre burlón de la derecha, el señor Cornet-Dincourt. El bailío de Ferrette, con sus calzones cortos y sus piernas flacas, cruzaba a veces este salón de camino hacia la estancia del señor de Talleyrand. Había sido compañero de placeres del señor conde de Artois y, a diferencia de Aristóteles agachado bajo Campaspe, había hecho andar a gatas a la Guimard, habiendo exhibido de este modo a los siglos a un filósofo vengado por un bailío. En cuanto a los sacerdotes, estaban el abate Halma, aquel a quien el señor Larose, su colaborador en La Foudre, le dijo: «¡Bah! ¿Quién hay aquí que no tenga cincuenta años? ¿Algún novato tal vez?»; el abate Letourneur, predicador del rey; el abate Frayssinous, que todavía no era ni conde, ni obispo, ni ministro, ni par, y que vestía una sotana vieja a la que le faltaban botones; y el abate Keravenant, cura de Saint-Germain-des-Prés; asimismo el nuncio del papa, por entonces monseñor Macchi, arzobispo de Nisibis, más tarde cardenal, notable por su nariz larga y pensativa, y otro monseñor titulado así: Abbate Palmieri, prelado doméstico, uno de los siete protonotarios participantes de la Santa Sede, canónigo de la ilustre basílica Liberiana, abogado de los santos, Postulatore dei Santi, lo cual se refiere a asuntos de canonización y significa poco más
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Libro III. El abuelo y el nieto
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