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nydus/Les MisérablesPublic
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Libro IV. La ratonera de Gorbeau

Tomando las palabras en su sentido más amplio y absoluto, puede decirse que, separado de todos por los muros de la tumba, Jean Valjean era el viudo, y Cosette era la huérfana: esta situación hizo que Jean Valjean se convirtiera en padre de Cosette de un modo celestial.

Y, en verdad, la misteriosa impresión producida en Cosette en lo más hondo del bosque de Chelles por la mano de Jean Valjean que apresaba la suya en la oscuridad no era una ilusión, sino una realidad. La entrada de aquel hombre en el destino de aquella niña había sido el advenimiento de Dios.

Además, Jean Valjean había elegido bien su refugio. Allí parecía perfectamente seguro.

La habitación con un gabinete que ocupaba con Cosette era aquella cuya ventana daba al bulevar. Al ser esta la única ventana de la casa, no había que temer las miradas de ningún vecino ni de enfrente ni de los lados.

La planta baja del número 50-52, una especie de desvencijado cobertizo en la azotea, servía de cochera para los hortelanos, y no existía ninguna comunicación entre ella y el primer piso.

Estaba separada por el suelo, que no tenía ni trampillas ni escaleras, y que formaba por así decirlo el diafragma del edificio.

El primer piso contenía, como hemos dicho, numerosas habitaciones y varias buhardillas, de las cuales solo una estaba ocupada por la vieja que se encargaba de las faenas domésticas de Jean Valjean; todo lo demás estaba deshabitado.

Era esta vieja, honrada con el nombre de «inquilina principal» y encargada en realidad de las funciones de portera, quien le había alquilado la habitación en Nochebuena.

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