la letra que se le había añadido, la cual empezaba así: > «Alejandro, Elisaveta, nos cautiváis por completo el corazón...» El Emperador pasó al salón, la multitud se precipitó hacia las puertas y varias personas con rostros agitados corrieron de aquí para allá. Luego, la multitud se retiró apresuradamente de la puerta del salón, por donde reapareció el Emperador conversando con la anfitriona. Un joven, con aspecto aturdido, se abalanzó sobre las damas pidiéndoles que se hicieran a un lado. Algunas damas, con rostros que delataban el total olvido de todas las normas de decoro, se adelantaron en detrimento de sus vestidos. Los hombres comenzaron a elegir pareja y a ocupar sus puestos para la
Todo el mundo retrocedió, y el emperador salió sonriente del salón de recibimiento, llevando a su anfitriona de la mano, pero sin marcar el compás de