abajo, cerca de su habitación, hasta que dejaron de llorar y pudieron ir a verlo con el rostro sereno.
—¿Cómo ha transcurrido toda su enfermedad? ¿Hace mucho que empeoró? ¿Cuándo sucedió esto? —preguntó la princesa María.
Natásha le contó que al principio había habido peligro por su estado febril y el dolor que padecía, pero que en Tróitsa eso había pasado y el doctor solo temía la gangrena. Ese peligro también había pasado.
Cuando llegaron a Yaroslávl, la herida había empezado a supurar (Natásha sabía todo sobre cosas como la supuración) y el médico había dicho que la supuración podía seguir un curso normal. Luego comenzó la fiebre, pero el doctor había dicho que la fiebre no era muy grave.
—Pero hace dos días esto pasó de repente —dijo Natásha, luchando contra sus sollozos—. No sé por qué, pero ya