depresión no se sentía con fuerzas para dar ningún paso. Si su esposa hubiera venido a él, no la habría rechazado. En comparación con lo que le preocupaba, ¿no era acaso indiferente que viviera con su mujer o no?
Sin responder ni a su esposa ni a su suegra, Pierre, tarde una noche, preparó un viaje y partió hacia Moscú para ver a Ósip Alekséievich. Esto fue lo que anotó en su diario:
Moscú, 17 de noviembre > > Acabo de regresar de ver a mi bienhechor y me apresuro a poner por escrito lo que he experimentado. Ósip Alekséievich vive con estrecheces y desde hace tres años sufre una dolorosa enfermedad de la vejiga. Nadie le ha oído jamás exhalar un gemido o una palabra de queja. Desde la mañana hasta bien entrada la noche, salvo cuando toma sus muy