otro. > “Permítanme hablar. …” “¡Caballeros, me están aplastando!
XXIII
En ese momento el conde Rostopchín, con su barbilla prominente y ojos avizores, vistiendo el uniforme de general con la banda cruzada sobre el hombro, entró en la sala, avanzando a paso firme hacia el frente de la multitud de nobles.
—Nuestro soberano el Emperador estará aquí en un momento —dijo Rostopchín—. Vengo directamente del palacio. Vista la situación en la que nos encontramos, creo que hay poca necesidad de discusión. El Emperador se ha dignado a convocarnos a nosotros y a los comerciantes. Millones brotarán de allí —señaló la sala de los comerciantes—, pero nuestro deber es aportar hombres y no escatimarnos. […] ¡Eso es lo mínimo que podemos hacer!
Se celebró una conferencia circunscrita a los magnates sentados a la mesa. Toda la consulta transcurrió más que silenciosamente. Después de todo el bullicio