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nydus/War and PeacePublic
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I. 1812

gracias a Dios y a nuestro valiente ejército! El enemigo está vencido y mañana lo expulsaremos de la sagrada tierra de Rusia —dijo Kutúzov, santiguándose, y de pronto sollozó mientras se le llenaban los ojos de lágrimas.

Wolzogen, encogiéndose de hombros y curvando los labios, se hizo a un lado en silencio, maravillado por la necia presuntuosidad de «el viejo caballero».

—¡Ah, aquí está, mi héroe! —dijo Kutúzov a un general corpulundo, apuesto y de cabellos oscuros que acababa de subir alzano.

Este era Raévski, que se había pasado todo el día en el sector más importante del campo de Borodinó.

Raévski informó de que las tropas mantenían firmemente sus posiciones y de que los franceses ya no se atrevían a atacar.

Después de oírlo, Kutúzov dijo en francés:

—Entonces, ¿no crees, como algunos otros, que debemos retirarnos?

—Por el contrario,

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