Dmítrievna, sino por la increíble audacia e ingenio de esta pequeña que se había atrevido a tratar a María Dmítrievna de tal manera.
Natásha solo desistió cuando le dijeron que habría helado de piña.
Antes de los helados, se sirvió champán. La orquesta volvió a tocar, el conde y la condesa se besaron y los invitados, abandonando sus asientos, se acercaron a «felicitar» a la condesa y se estiraron por encima de la mesa para chocar las copas con el conde, con los niños y los unos con los otros.
Nuevamente los lacayos corrían de un lado a otro, las sillas rechinaban y, en el mismo orden en que habían entrado pero con el rostro más encendido, los invitados regresaron a la sala de recibo y al estudio del conde.
XX
Se sacaron las mesas de