muchacho alto agitó el brazo.
«¡Basta!», exclamó con tono perentorio. «¡Hay una pelea, muchachos!». Y, aún terminando de enrollarse la manga, salió al porche.
Los obreros de la fábrica le siguieron. Estos hombres, que bajo la dirección del muchacho alto estaban bebiendo en la taberna aquella mañana, habían llevado al tabernero unos cueros de la fábrica y a cambio les habían servido licor. Los herreros de una fragua vecina, al oír los ruidos de juerga en la taberna y suponiendo que había sido asaltada, quisieron entrar también a la fuerza y de ahí había resultado una pelea en el porche.
El posadero se peleaba con uno de los herreros en la puerta, y cuando los obreros salieron, el herrero, zafándose del tabernero, cayó de bruces sobre el pavimento.
Otro herrero intentó entrar por la puerta, presionando al tabernero con el pecho.