entonces todo estalá bien. Y debimos discutillo tan poco como sea pos-s-sible... —recalcó especialmente la palabra posible—; tan po-o-ossible —terminó, volviéndose de nuevo hacia el conde—. ¡Así es como lo velmos los viejos húsales, y se acabó! ¿Y tú, un joven y un joven húsar, cómo lo juzgas? —añadió, dirigiéndose a Nikoláy, quien, al oír que se hablaba de la guerra, se había apartado de su pareja con ojos y oídos atentos al coronel.
—Participo plenamente de su opinión —respondió Nikoláy, encendiéndose, dando la vuelta a su plato y moviendo sus copas con tanta decisión y desesperación como si en ese momento se enfrentara a un gran peligro—. Estoy convencido de que los rusos debemos morir o vencer —concluyó, consciente —como lo eran los demás—, después de pronunciadas las palabras, de que sus observaciones eran