su pañuelo y se fue a la ventana. Él deseaba despedirse de la princesa María, pero ella no lo dejó marchar.
—No, Natásha y yo a veces no nos acostamos hasta pasada las dos, así que por favor no se vaya. Voy a encargar la cena. Baje, nosotras bajaremos enseguida.
Antes de que Pierre saliera de la habitación, la princesa Márya le dijo:
«Es la primera vez que habla de él así».
XVII
Pierre fue conducido al gran comedor brillantemente iluminado; unos minutos más tarde oyó unos pasos y la princesa Márya entró con Natásha. Natásha estaba tranquila, aunque una expresión severa y grave se había instalado de nuevo en su rostro. Los tres experimentaban ahora esa sensación de incomodidad que suele seguir a una conversación seria y sincera. Es imposible volver a la misma conversación, hablar de naderías resulta incómodo y, sin