la Guardia a Caballo.
Bonaparte, habiendo llegado a galope tendido, detuvo su caballo.
—¿Cuál es el mayor? —preguntó al ver a los prisioneros.
Nombraron al coronel príncipe Repnín.
—¿Es usted el comandante del regimiento de la Guardia a Caballo del emperador Alejandro? —preguntó Napoleón.
—Yo mandaba un escuadrón —respondió Repnín.
—Su regimiento cumplió con su deber honorablemente —dijo Napoleón.
—La alabanza de un gran comandante es la mayor recompensa para un soldado —dijo Repnín.
—Os lo concedo con mucho gusto —dijo Napoleón—. ¿Y quién es ese joven que tenéis al lado?
El príncipe Repnín nombró al teniente Sukhtélen.
Tras mirarlo, Napoleón sonrió.
“Es muy joven para venir a meterse con nosotros”.
—La juventud no es óbice para el valor —murmuró Sukhtélen con voz desfalleciente.
—¡Una respuesta espléndida! —dijo Napoleón—. ¡Joven, usted llegará lejos!
El príncipe Andréy, que también había sido llevado