está buscando su propia ruina al esperar nuestro ataque —dijo Langeron con una sonrisa sutilmente irónica, volviendo a mirar en busca de apoyo a Milorádovich, que estaba cerca de él.
Pero en ese momento Milorádovich estaba evidentemente pensando en cualquier otra cosa menos en aquello sobre lo que los generales estaban discutiendo.
—¡Ma foi! —dijo—, mañana veremos todo eso en el campo de batalla.
Weyrother volvió a dar aquella sonrisa que parecía decir que para él era extraño y ridículo encontrarse con objeciones por parte de los generales rusos y tener que demostrarles lo de lo que no solo se había convencido a sí mismo, sino de lo que también había convencido a los soberanos emperadores.
“El enemigo ha apagado sus hogueras y se oye un ruido continuo procedente de su campamento —dijo—. ¿Qué significa eso? O está retirándose, que es