allá de Utítsa, el choque de Poniatowski con Túchkov; pero estas dos fueron acciones aisladas y débiles en comparación con lo que tuvo lugar en el centro del campo de batalla. En el terreno situado entre Borodinó y las flechas, junto al bosque, la acción principal de la jornada tuvo lugar en un espacio abierto visible desde ambos bandos y se libró de la manera más simple y artificiosa.
La batalla comenzó por ambas partes con un cañonazo de varios cientos de cañones.
Luego, cuando todo el campo estuvo cubierto de humo, dos divisiones, la de Campan y la de Dessaix, avanzaron desde la derecha francesa, mientras que las tropas de Murat avanzaban sobre Borodinó por su izquierda.
Desde el reducto de Shevárdino, donde se encontraba Napoleón, las flechas estaban a dos tercios de milla de distancia, y había más de una milla en línea recta hasta Borodinó, de modo que Napoleón no podía ver lo que allí sucedía, sobre todo porque el humo mezclado con la bruma ocultaba toda la zona. A los soldados de la división de Dessaix que avanzaban contra las flechas solo se les pudo ver hasta que entraron en la hondonada que se extendía entre ellos y las fortificaciones. Tan pronto como descendieron a dicha hondonada, el humo de los cañones y de la fusilería en las flechas se volvió tan denso que cubrió todo el acceso por ese lado. A través del humo se podían divisar atisbos de algo negro —probablemente hombres— y, a veces, el destello de las bayonetas. Pero desde el reducto de Shevárdino era imposible averiguar si se movían o estaban quietos, si eran franceses o rusos.
El sol había salido brillante