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nydus/War and PeacePublic
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I. Continuidad absoluta del movimiento

agitaciones ni deseos de despedazar a nadie, sino afrontando su destino y sintiendo en su interior la fuerza para saber qué debía hacer en aquel momento gravísimo. Y tan pronto como el enemigo se acercaba, las clases acomodadas se marchaban abandonando sus propiedades, mientras que los más pobres se quedaban y quemaban y destruían lo que quedaba.

La conciencia de que esto sería así y sería siempre así estuvo y está presente en el corazón de todo ruso. Y la conciencia de esto, y la corazonada de que Moscú sería tomada, estuvo presente en la sociedad moscovita rusa de 1812.

Quienes ya habían abandonado Moscú en julio y a principios de agosto demostraron que lo esperaban. Los que se marcharon, llevándose lo que pudieron y abandonando sus casas y la mitad de sus pertenencias, lo hicieron movidos por ese patriotismo latente que no se expresa con frases ni entregando a los hijos para salvar la patria y hazañas antinaturales por el estilo, sino de forma discreta, sencilla, orgánica y, por tanto, del modo que siempre produce los resultados más poderosos.

“Es una vergüenza huir del peligro; solo los cobardes huyen de Moscú”, les decían. En sus bandos, Rostopchín les inculcaba que marcharse de Moscú era vergonzoso. Les daba vergüenza que los llamaran cobardes, vergüenza irse, pero aun así se iban, sabiendo que tenían que hacerlo. ¿Por qué se fueron? Es imposible suponer que Rostopchín los hubiera aterrorizado con sus relatos sobre las atrocidades que Napoleón había cometido en los países conquistados. Los primeros en marcharse fueron los ricos instruidos, quienes sabían muy bien que Viena y Berlín habían permanecido intactas y que, durante la ocupación de Napoleón, sus habitantes habían pasado

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