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nydus/War and PeacePublic
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I. La batalla de Borodinó

más grima que antes a la vista. Sin embargo, ahora no los miraba, sino que pensaba en otras cosas.

Solo ahora comprendía Pierre toda la fuerza de la vida en el hombre y ese poder salvador que tiene de desviar su atención de una cosa a otra, que es como la válvula de seguridad de una caldera que deja escapar el vapor superfluo cuando la presión supera cierto límite.

No vio ni oyó cómo fusilaban a los prisioneros que se quedaban atrás, aunque más de un centenar perecieron de ese modo. No pensaba en Karatáev, que cada día se debilitaba más y que, evidentemente, pronto tendría que correr la misma suerte. Menos aún pensaba Pierre en sí mismo. Cuanto más difícil se hacía su situación y más terrible el porvenir, más independientes de esa situación en la que se encontraba resultaban los pensamientos, recuerdos e imaginaciones alegres y reconfortantes que acudían a él.

XIII

A mediodía del veintidos de octubre, Pierre subía por el camino fangoso y resbaladizo, mirando sus pies y las irregularidades de la vía. De vez en cuando miraba a la multitud familiar que lo rodeaba y luego otra vez a sus pies. Aquellos y estos le resultaban igualmente familiares y propios. El perro patituerto, de color gris azulado, corría alegremente al borde del camino, levantando a veces una pata trasera para demostrar su agilidad y su satisfacción y cojeando sobre tres, para luego volver a las cuatro patas y correr a ladrar a los cuervos que se posaban sobre la carroña. El perro estaba más alegre y lustroso que en Moscú. Por todas partes yacían carnes de diversos animales —desde hombres hasta caballos— en varios estados

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