era evidentemente un caballero disfrazado, el cual pasaba bajo el arco de la torre de Sújarev acompañado por un hombre alto, cetrino y sin barba con un abrigo de bayeta.
—Sí, de verdad es Bezújov con abrigo de cochero y con un viejecito de aspecto raro. ¡De verdad! —dijo Natasha—, ¡mira, mira!
“No, no es él. ¿Cómo puedes decir semejantes tonterías?”
—Mamá —gritó Natasha—, ¡me juego la cabeza a que es él! ¡Te lo aseguro! ¡Para, para! —le gritó al cochero.
Pero el cochero no pudo detenerse, porque de la calle Meshchánski seguían llegando más carros y carruajes, y a los Rostóv les gritaban que avanzaran y no bloquearan el paso.
Sin embargo, de hecho, aunque ahora mucho más lejos que antes, los Rostóv vieron a Pierre —o a alguien extraordinariamente parecido a él— con abrigo de cochero, caminando por la