su vida —la de M. Ramballe, capitán del 13.º Regimiento de Infantería Ligera— era sin duda una grandísima gesta.
Pero por muy indiscutible que fuera aquella conclusión y la convicción del oficial basada en ella, Pierre sintió la necesidad de desengañarle.
—Soy ruso —dijo rápidamente.
—¡Taca, taca, taca! Eso cuéntaselo a otros —dijo el oficial, agitando un dedo delante de su nariz y sonriendo—. Ya me lo contarás todo dentro de un rato. Estoy encantado de encontrar a un compatriota. Bien, ¿y qué vamos a hacer con este hombre? —añadió, dirigiéndose a Pierre como a un hermano.
Aun si Pierre no hubiera sido francés, habiendo recibido una vez ese altísimo apelativo, no podía renunciar a él, decían la mirada y el tono del oficial. En respuesta a su última pregunta, Pierre volvió a explicar quién era Makár Alexéevich y cómo,