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nydus/War and PeacePublic
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I. Continuidad absoluta del movimiento

a gemir y cayó en la inconscuencia y el delirio a causa del tormento. No dejaba de pedirles que le trajeran el libro y se lo pusieran debajo.

—¿Qué molestia le costaría? —dijo—. No tengo ninguno. Por favor, consígamelo y póngamelo debajo por un momento —suplicó con voz lastimera.

El médico fue al pasillo a lavarse las manos.

—Ustedes no tienen conciencia —le dijo al ayuda de cámara que le estaba echando agua en las manos—. Por un solo instante que los descuido... Es un dolor tal, ¿saben?, que me pregunto cómo puede soportarlo.

—¡Por nuestro Señor Jesucristo, creí que le habíamos puesto algo debajo! —dijo el ayuda de cámara.

La primera vez que el príncipe Andréi comprendió dónde estaba y qué le pasaba, y recordó que lo habían herido y cómo, fue cuando pidió que lo llevaran a la isba después de que su carruaje se detuvo en Mytíshchi. Tras turbarse a causa del dolor mientras lo transportaban al interior de la isba, recuperó de nuevo el conocimiento y, mientras bebía té, volvió a rememorar todo cuanto le había sucedido y, sobre todo, recordó con viveza el momento en el puesto de curas cuando, al ver los sufrimientos de un hombre que le desagradaba, le habían acudido aquellos nuevos pensamientos que le prometían la felicidad. Y aquellos pensamientos, aunque ahora vagos e indefinidos, volvieron a apoderarse de su alma. Recordó que ahora poseía una nueva fuente de felicidad y que dicha felicidad tenía algo que ver con los Evangelios. Por eso había pedido un ejemplar. La incómoda postura en la que lo habían colocado y vuelto a girar nubló de nuevo sus pensamientos, y cuando volvió en sí por tercera

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