bienvenida a Rostóv como a un pariente cercano y lo llamó «Nicolas».
Katerína Petróvna did actually play valses and the écossaise , and dancing began in which Nikoláy still further captivated the provincial society by his agility.
His particularly free manner of dancing even surprised them all. Nikoláy was himself rather surprised at the way he danced that evening. He had never danced like that in Moscow and would even have considered such a very free and easy manner improper and in bad form, but here he felt it incumbent on him to astonish them all by something unusual, something they would have to accept as the regular thing in the capital though new to them in the provinces.
Durante toda la tarde, Nikoláy le prestó atención a una rubita regordeta, de ojos azules y agraciada, esposa de uno de los funcionarios de provincia. Con la ingenua convicción de los jóvenes de buen humor de que las mujeres de los demás habían sido creadas para ellos, Rostov no se apartaba del lado de la dama y trataba al esposo en un tono amistoso y cómplice, como si, sin hablar de ello, supieran lo bien que Nikoláy y la señora se llevarían. El esposo, sin embargo, no parecía compartir esa convicción y trataba de mostrarse hosco con Rostov. Pero la ingenuidad bonachona de este era tan desmedida que a veces incluso él mismo cedía involuntariamente al buen humor de Nikoláy. Hacia el final de la velada, sin embargo, a medida que el rostro de la esposa se hacía más sonrosado y animado, el del marido se volvía más y más melancólico y solemne, como si entre ambos hubiera una cantidad fija