enviarse allí? —le preguntó a Berthier (a quien más tarde llamó «ese gansillo que he convertido en águila»).
—Envíe la división de Claparède, sire —respondió Berthier, que se sabía de memoria todos los regimientos y batallones de la división.
Napoleón asintió con la cabeza.
El ayudante galopó hacia la división de Claparède y, pocos minutos después, la Guardia Joven apostada detrás del otero se puso en marcha. Napoleón contempló en silencio aquella dirección.
—¡No! —dijo de pronto a Berthier—. No puedo enviar a Claparède. Envíe la división de Friant.
Aunque no había ninguna ventaja en enviar la división de Friant en lugar de la de Claparède, y sí un inconveniente y un retraso evidentes al detener a Claparède y enviar ahora a Friant, la orden se cumplió al pie de la letra. Napoleón no se daba cuenta de que, con respecto