especialmente cuando dicha exigencia se hizo pública y, con ello, se ofendió la dignidad de Francia.
Balashëv respondió que no había «nada ofensivo en la exigencia, porque...», pero Murat lo interrumpió.
—¿Entonces no considera usted al emperador Alejandro el agresor? —preguntó inesperadamente, con una sonrisa bondadosa y tonta.
Balashëv le explicó por qué consideraba a Napoleón como el iniciador de la guerra.
—¡Oh, mi querido general! —volvió a interrumpirle Murat—, ¡de todo corazón deseo que los Emperadores arreglen el asunto entre ellos, y que la guerra, comenzada sin deseo mío, termine lo más pronto posible!, dijo con el tono de un criado que quiere seguir siendo buen amigo de otro a pesar de una pelea entre sus amos.
Y pasó a interesarse por el gran duque y el estado de su salud, y a recordar los tiempos alegres y divertidos que había pasado con él en