rato no pudo quitarse la alianza del dedo regordete. Cuando por fin lo consiguió, el Retórico dijo:
“Como prueba de obediencia, te pido que te desvistas”.
Pierre se quitó el abrigo, el chaleco y la bota izquierda siguiendo las instrucciones del Retórico. El masón retiró la camisa del pecho izquierdo de Pierre y, agachándose, le subió la pernera izquierda del pantalón por encima de la rodilla. Pierre se apresuró a quitarse también la bota derecha y se disponía a remangarse la otra pernera del pantalón para ahorrarle la molestia a aquel desconocido, pero el masón le dijo que no era necesario y le dio una zapatilla para el pie izquierdo. Con una sonrisa infantil de desconcierto, duda y autoironía, que apareció en su rostro contra su voluntad, Pierre se quedó con los brazos colgando y las piernas abiertas ante su