del príncipe Andréi por su aspecto humillado y atemorizado fue admitido por aquella puerta terrible. La audiencia de este oficial duró mucho tiempo. Luego, de repente, se oyó el sonido áspero y estridente de una voz dura al otro lado de la puerta, y el oficial —con el rostro pálido y los labios temblorosos— salió y atravesó la sala de espera agarrándose la cabeza.
Después de esto, el príncipe Andréi fue conducido a la puerta y el oficial de guardia dijo en un susurro: «A la derecha, junto a la ventana».
El príncipe Andréi entró en una habitación sencilla y ordenada y vio a la mesa a un hombre de cuarenta años, de talle largo, cabeza alargada y rapada, profundas arrugas, cejas fruncidas sobre unos ojos apagados de color avellana verdoso y una nariz roja y prominente. Arakchéev volvió la cabeza hacia