fin. Con firmeza y claridad expresa su opinión a Kutúzov, a Weyrother y a los emperadores. A todos les impresiona la justeza de sus puntos de vista, pero nadie se encarga de llevarlos a la práctica, así que toma un regimiento, una división —estipula que nadie interfiera en sus disposiciones—, lleva su división al punto decisivo y obtiene la victoria él solo.
—¿Pero y la muerte y el sufrimiento? —sugería otra voz. El príncipe Andréi, sin embargo, no respondió a esa voz y continuó soñando con sus triunfos.
Las disposiciones para la próxima batalla las planea él solo. De nombre es solo un edecán en el estado mayor de Kutúzov, pero él lo hace todo solo. La próxima batalla la gana él solo. Kutúzov es destituido y él es nombrado…
“¿Y bien, y luego?” preguntó la otra voz.
“Si antes de eso no estás diez veces herido, muerto o traicionado, bien … ¿qué más da …?”
—Bien pues —se respondió el príncipe Andréi—, no sé qué pasará y no quiero saberlo, y no puedo, pero si quiero esto—quiero la gloria, quiero ser conocido por los hombres, quiero ser amado por ellos—, no es culpa mía que lo quiera y no quiera nada más que eso y viva solo para eso. ¡Sí, solo para eso! Jamás se lo diré a nadie, pero, ¡oh Dios!, ¿qué voy a hacer si no amo nada más que la fama y la consideración de los hombres? La muerte, las heridas, la pérdida de la familia—no temo a nada. Y por preciosos y queridos que me sean muchos—padre, hermana, esposa—, los más queridos para mí—, aun por terrible y antinatural que parezca, los daría a todos de