adaptaciones, la referencia a la primavera (vesná) coincidía con la impresión que causaba el muchacho.
“Él se está calentando allí junto a la hoguera.
¡Eh, Vesénya! ¡Vesénya!—¡Vesénny!”, se oía llamar a voces risueñas en la oscuridad.
—Es un muchacho listo —dijo un húsar que estaba cerca de Petya—. ¡Hace un rato le dimos de comer! ¡Tenía muchísima hambre!
El sonido de unos pies descalzos chapoteando en el fango se oyó en la oscuridad, y el tamborilero se acercó a la puerta.
—¡Ah, es usted! —dijo Petya—. ¿Quiere comer? No tenga miedo, no le haremos daño —añadió con timidez y afecto, tocándole la mano al muchacho—. Pase, pase.
— Gracias, monsieur —dijo el tamborilero con voz temblorosa, casi infantil, y comenzó a restregarse los pies sucios en el umbral.
Había muchas cosas que Pétya quería decirle al tamborilero, pero