se puede permitir que la tierra sea saqueada y acostumbrar a las tropas al merodeo. También en Smolensko juzgó acertadamente que los franceses podían flanquearnos, ya que tenían mayores fuerzas. Pero esto no pudo comprenderlo —exclamó el príncipe Andréi con voz aguda que pareció escapársele involuntariamente—: no pudo comprender que allí, por primera vez, estábamos luchando por suelo ruso, y que había en los hombres un espíritu como nunca antes había visto, que habíamos contenido a los franceses durante dos días y que ese éxito había multiplicado por diez nuestras fuerzas. Nos ordenó la retirada, y todos nuestros esfuerzos y pérdidas se fueron al traste. No pensó en traicionarnos, intentó hacer lo mejor que pudo, lo sopesó todo, y por eso mismo no sirve. No sirve ahora, precisamente porque lo planifica todo con tanta minuciosidad y exactitud como todo alemán tiene que hacerlo. ¿Cómo explicarlo?… Bien, supongamos que tu padre tiene un ayuda de cámara alemán, y es un ayuda de cámara magnífico y satisface las exigencias de tu padre mejor de lo que tú podrías hacerlo, entonces está bien dejarle servir. Pero si tu padre está mortalmente enfermo, despides al ayuda de cámara y atiendes a tu padre con tus propias manos inespertas y torpes, y lo consolarás mejor que un hombre experto que sea un extraño. Así ha sido con Barclay. Mientras Rusia estuvo sana, un extranjero pudo servirla y ser un ministro espléndido; pero tan pronto como se encuentra en peligro, necesita a alguien de su propia sangre. ¡Pero en vuestro Club lo han estado tildando de traidor! Lo calumnian llamándolo traidor, y el único resultado será que después, avergonzados de sus falsas acusaciones, lo proclamarán héroe o
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I. 1812
1737