interacción de intrigas, propósitos y deseos entre quienes participaron en la guerra sin percibir en absoluto lo inevitable ni el único medio de salvación para Rusia. Todo ocurrió de manera fortuita. Los ejércitos estaban divididos al comienzo de la campaña. Intentamos unirlos con la evidente intención de presentar batalla y frenar el avance del enemigo, y mediante este esfuerzo por unirlos —evitando entablar combate con un enemigo mucho más fuerte y retirando forzosamente los ejércitos en un ángulo agudo— fuimos conduciendo a los franceses hasta Smolénsk. Pero nos retiramos en ángulo agudo no solo porque los franceses avanzaron entre nuestros dos ejércitos; el ángulo se hizo aún más agudo, y nos retiramos aún más lejos, debido a que Barclay de Tolly era un extranjero impopular a quien Bagratión no tragaba (puesto que iba a quedar bajo sus órdenes), y Bagratión —al mando del segundo ejército— trató de posponer la unión y la sumisión al mando de Barclay tanto como le fue posible. Bagratión retrasó la confluencia —aunque ese era el objetivo principal de todos en el cuartel general— porque, según alegaba, exponía a su ejército al peligro en esa marcha, y lo mejor para él era retirarse más hacia la izquierda y más hacia el sur, hostigando al enemigo por el flanco y la retaguardia y asegurando reclutas de Ucrania para su ejército; y da la impresión de que planeó esto para no quedar bajo las órdenes del aborrecido extranjero Barclay, cuyo rango era inferior al suyo.
El emperador se encontraba con el ejército para animarlo, pero su presencia y su ignorancia sobre qué medidas tomar, junto con el enorme número de consejeros y planes, destruyeron la energía del primer ejército