ver con una joven le parecía imposible. Bajó los ojos y se apresuró a salir como si no fuera asunto suyo, procurando al marchar no infligir ningún daño accidental a la joven.
IV
El viejo conde, que siempre había mantenido una enorme jauría de caza, pero que ahora se la había entregado por completo al cuidado de su hijo, encontrándose de muy buen humor en aquel quince de septiembre, se dispuso a salir con los demás.
En una hora toda la partida de caza estaba en el porche. Nikoláy, con un aire severo y serio que demostraba que ahora no era momento de ocuparse de niñerías, pasó de largo ante Natásha y Pétya, que intentaban decirle algo. Inspeccionó todos los detalles de la cacería, envió por delante una jauría de sabuesos y a los monteros para que buscaran la pieza, montó